AL CLIENTE, ¿LO QUE PIDA?

AL CLIENTE, ¿LO QUE PIDA?

¿Saben por qué me gusta ir con Juanito, mi estilista? Porque tiene una habilidad que lo hace diferente: “escucha lo que quiere la clienta y hazle caso”.

Por Cris Mendoza

Pocas cosas tan espantosas como que te dejen el cabello mal… y mal no siempre se refiere a un corte mal hecho, no… ¡sino a lo que tú no querías!

Ustedes nos pueden hacer lucir estupendas pero también hacernos sentir terrible. Y no tiene nada que ver con lo que ustedes sepan o vean; tiene que ver en cómo nos sintamos y veamos nosotras mismas.

Entonces viene la pregunta obligada que a muchos nos pasa por la cabeza: ¿el estilista está para hacernos sentir mejor o para echar a volar sus propios deseos en nuestros cuerpos de no modelos? 

UN EQUILIBRIO

Como redactora de productos editoriales me he encontrado con clientes que de verdad nos hacen llorar: nuestra propuesta siempre será mejor ante nuestros ojos; casi siempre eligen la más “fea” y sentimos como que nuestra creatividad está siendo anulada. Después de muchos ejercicios terapéuticos, de patalear y renegar, finalmente lo entendí: lo importante es que estén contentos porque ellos vivirán con ese producto: los representará como marca. Lo mismo con el look. 

Cuando nos ponemos en sus manos, confiamos en su conocimiento, experiencia y propuestas, pero también en que nos escuchen las inquietudes que tenemos y al final, que  ambos podamos llegar  una propuesta que nos haga sentir satisfechos con el resultado.

Puedo entender que seguramente habrá una morena teñida que llegue a pedirles ser rubia de un día para otro y tendrán que decir: “¡NO!” A menos que se haga una extracción y todo lo que conlleva llegara a ese resultado. Aquí viene un elemento súper importante en la relación que estamos construyendo: la comunicación. (Como en cualquier relación). 

Hay que escuchar, no para responder sino para que podamos  comprender. ¿Qué quiere nuestro cliente? ¿Quién es ? ¿Cómo vive ? ¿Qué necesita ? Y llegar a acuerdos. Porque ahí viene SU experiencia. Sin imponer, plantear las posibilidades, opciones y propuestas. Si no quieren realizarle lo que su cliente puede llegar a  pedir, lo mejor es que se lo comenten y no lo hagan. 

Imaginen este escenario: mi cabello larguísimo por años. La verdad, muy bien cuidado y sin tratamientos químicos. “Cris pelo de Sirena”, bromeábamos con Juan. Y un día, así sin aviso, llegué y le dije: córtalo hasta la barbilla”. 

Él se paró pacientemente junto a mí y me preguntó por qué lo quería cortar. Me escuchó. Acepto sólo porque me veía segura. Y lo fue haciendo por etapas no sin antes advertirme: “ten en cuenta que la gente va a opinar y es muy probable que te digan que se te veía mejor largo”.

¿Saben cómo me sentí? Escuchada, apapachada pero respetada. ¿Saben cómo quedé? ¡Increíble! ¡Espléndida! Lista para conquistar el mundo entero. Contrario a las advertencias, sólo una persona me dijo que le gustaba más de melena enorme. 

Yo sé que nadie es perita en dulce, pero mi relación tan íntima y particular con mi estilista está basada en muchas cosas (mi presupuesto, la ubicación, claro), pero definitivamente cómo me siento con él es la más importante: escuchada.

Lo que ayuda mucho es ponernos en los zapatos del cliente, que se vean a través de sus ojos y piensen que es mexicana: quizá no tan arriesgada, quizá no tan audaz. Si se ponen de su parte, en una de esas aceptarán hacer lo que ustedes recomienden, ¡por más loco que sea! Y eso será porque confían en ustedes y en esa frágil e importante relación que sólo se da entre nosotros. 

¿CUÁNDO SI Y CUÁNDO NO?

Aprende a decir “sí” y “no”; tan firme y tan flexible como suena eso. Di que no cuando estás completamente seguro de que eso no es la mejor opción, pero explícaselo sin arrogancia, con paciencia. Dile que no a tendencias viejas y mejor propón algo “similar” pero actual. Dile que no cuando eso signifique dañar la textura de su cabello y enlístale las consecuencias. 

 Dile que sí aunque sea conservador y a ti no te guste pero ella se siente feliz. Dile que sí a innovar y renovar tus técnicas gracias a sus experiencias. Dile que sí a poner a prueba tu creatividad. ¡Dile que sí cuando te diga sólo medio centímetro de las puntas!